Este blog está hecho por un anhelo muy especial de afecto personal hacia el gran Mariscal Agustín Gamarra, para que los peruanos conozcamos más de este personaje singular de la Historia Peruana, el único presidente que murió en batalla
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sábado, 30 de julio de 2011
jueves, 28 de julio de 2011
Las Revoluciones: 15.La terrible batalla entre Salaverry y Vidal
Fue pues realmente un encuentro de titanes en la historia, pero para tomar más consciencia de esto les hablaré de lo que era el general Juan Francisco de Vidal La Hoz. Él fue conocido con el seudónimo de "Primer Soldado del Perú", y claro pues es uno de los pocos destacados militares peruanos que se sumó a la causa de la independencia desde muy joven, en 1819, esto es importante porque como sabemos hubo muchos oficiales como La Mar, Gamarra, Etc que inicialmente estuvieron en el bando español y se pasaron recién con San Martín. Vidal en cambio participó más que activamente en la independencia peruana y llegó a convertirse en leyenda porque también lo hizo en la independencia de Chile, donde tomó el fuerte de Valdivia el 4 de Febrero de 1820 con mucha bravura. Luego de esto participó en un sinfin de batallas y ayudó al gobierno peruano en apaciguar rebeliones.
Salaverry había conspirado en Chachapoyas (ver: Las Revoluciones: 12. Salaverry en Chachapoyas aquí ) pero fue capturado.
Justo por estas épocas el Perú estaba prevenido contra Gamarra pues la Convención Nacional se instaló el 12 de Setiembre de 1833 y pensaban que no dejaría el mando de buena manera.
Por ello Salaverry marchando a Trujillo preso y pensando que de seguro sería muerto, aprovechó la oportunidad para adherirse a la causa de Orbegoso (o al menos simularlo) y "libertar" el departamento para preparar la llegada de Orbegoso. Claro que esto era ilegal pues Gamarra aún no terminaba su gobierno.
Gamarra entonces da orden para encargarle a Vidal derrotar a tan temible jefe, para ello pide permiso a la Convención Nacional (pues Vidal era diputado suplente) que le da el visto bueno. Parte del Callao el 12 de noviembre de 1833.
Al 2º día de marcha por tierra Vidal llegó a la hacienda de Santa Helena donde envió a don Antonio Saavedra para que hablase con Salaverry y le ofrezca garantías del Gobierno de Gamarra (con lo cual se debilita la afirmación rotunda que Gamarra quería desaparecerlo a toda costa, que me parece exagerada). A pesar que Vidal le pedía evitar un derramamiento de sangre peruana y las garantías sobre su persona (que partiendo de Vidal era seguro que lo cumpliría) Salaverry se negó. Bilbao afirma que fue para no traicionar las esperanzas del pueblo al cual él mismo levantó contra Gamarra, pero aún no terminaba el gobierno de éste y no había hecho absolutamente nada que podría hacer pensar que trataría de quedarse en el mando. De hecho sí había un compromiso de él por el pueblo pues ya había dado ese paso tan escandaloso, pero también había una dosis de orgullo y ambición personal.
En efecto, Salaverry estaba seguro de batir a Vidal pues tenía más soldados, tenía 5 piezas de artillería (Vidal no tenía ninguna) y además los hombres de Vidal necesitaban marchar casi 40 kilómetros con lo que estarían extenuados.
Gamarra entonces da orden para encargarle a Vidal derrotar a tan temible jefe, para ello pide permiso a la Convención Nacional (pues Vidal era diputado suplente) que le da el visto bueno. Parte del Callao el 12 de noviembre de 1833.
Al 2º día de marcha por tierra Vidal llegó a la hacienda de Santa Helena donde envió a don Antonio Saavedra para que hablase con Salaverry y le ofrezca garantías del Gobierno de Gamarra (con lo cual se debilita la afirmación rotunda que Gamarra quería desaparecerlo a toda costa, que me parece exagerada). A pesar que Vidal le pedía evitar un derramamiento de sangre peruana y las garantías sobre su persona (que partiendo de Vidal era seguro que lo cumpliría) Salaverry se negó. Bilbao afirma que fue para no traicionar las esperanzas del pueblo al cual él mismo levantó contra Gamarra, pero aún no terminaba el gobierno de éste y no había hecho absolutamente nada que podría hacer pensar que trataría de quedarse en el mando. De hecho sí había un compromiso de él por el pueblo pues ya había dado ese paso tan escandaloso, pero también había una dosis de orgullo y ambición personal.
En efecto, Salaverry estaba seguro de batir a Vidal pues tenía más soldados, tenía 5 piezas de artillería (Vidal no tenía ninguna) y además los hombres de Vidal necesitaban marchar casi 40 kilómetros con lo que estarían extenuados.
LA BATALLA DE GARITA DE MOCHE
"Se puede asegurar sin equivocarse que en esta batalla ha sido donde han combatido los soldados peruanos de ambas partes, con más encarnizamiento, pues tanto los jefes que obedecían a Salaverry, como los míos desplegaron mucho valor en aquella lucha"
General Francisco de Vidal en "Memorias"
BANDOS ENFRENTADOS
General Francisco de Vidal
Comandante militar Juan Mendiburu
Coronel Manuel Espinoza
Teniente Coronel Juan Crisóstomo Torrico
Coronel Manuel Espinoza
Teniente Coronel Juan Crisóstomo Torrico
Fuerzas aproximadas: 500 hombres.
Coronel Felipe Santiago Salaverry
Lugartenientes
Fuerzas aproximadas: 800 hombres.
Fuerzas aproximadas: 800 hombres.
Empezó la batalla Garita de Moche (hoy puerto de Salaverry, *pueden visitar una página curiosa e interesante de los jóvenes del puerto Salaverry aquí que incluso crearon Himno Salaverry) a las 6 de la mañana el 19 de Noviembre de 1833.
Salaverry se hallaba parapetado en las faldas de unos cerros. Tenía a su derecha la caballería con 30 hombres, su infantería bien distribuida a lo largo de la línea del frente y 5 cañones. Tenía además 300 montoneros y hombres del campo dirigidos por Lizarzaburu. En total sumaba más o menos 800 hombres pero 400 eran soldados y los demás pobladores y montoneros.
Los hombres de Vidal en cambio eran 500 pero todos soldados veteranos (aquí vemos el gran trabajo que había hecho Agustín Gamarra en formar un ejército competitivo y que se evidencia también en los acontecimientos de 1834). No tenía artillería y su caballería era muy escasa.
Vidal a pesar que la artillería de Salaverry dominaba todo el campo entró al llano con su ejército y eligió un lugar donde una gran elevación del terreno podía ponerlo más o menos a salvo. Dispuso a los soldados y envió una guerrilla de 40 hombres con el ayudante mayor del batallón "Zepita" Osorio; Salaverry envió a su encuentro una guerrilla de 50 con el teniente Juan Rivero. Empezó a disparar la artillería de Salaverry sin éxito pero su guerrilla logró vencer a la de Vidal.
El desbande de los montoneros
Cuando vio que el primer contingente de Vidal había sido batido Salaverry mandó cargar a su caballería. Vidal ordenó que los 46 granaderos a caballo que tenía vayan a su encuentro tocando a deguello. Al ver la fiereza con que acometían la caballería de Salaverry giró a su izquierda y se desbandó hacia atrás. Viendo a la caballería despavorida los montoneros de Lizarzaburu también se asustaron y huyeron de la batalla para no volver a aparecer.
Los granaderos a caballo continuaron su marcha a pesar de los fuegos de la artillería enemiga pero equivocaron el camino y al ponerse detrás de la línea de Salaverry los caballos continuaron la marcha, y se fueron a perder en los médanos, quedando alejados de la acción.
Viendo que su caballería se desbandaba fue Salaverry con su espada y a gritos como un desesperado logró reunirla y la colocó a su izquierda. Luego para aprovechar sus cañones aguardó allí que Vidal maniobrase.
La lucha se torna encarnizada
"Por un lado se veía a Salaverry excitando a los suyos con la voz y el ejemplo; mezclado en lo más crudo de la refriega y como un loco disputando la victoria; por otro, al general Vidal que parecía rivalizar con el joven enemigo"
Manuel Bilbao en "Historia del General Salaverry"
Vidal entonces concibió un ataque en masa de la infantería y caballería. Ordenó que los Granaderos vayan al mando del teninete coronel Juan Crisóstomo Torrico a flanquear la izquierda de Salaverry mientras que él mismo con el resto del ejército daría un ataque de frente.
Empezó entonces a atacar Vidal con toda la tropa a su mando y Salaverry empezó a hacer disparar sus cañones a discreción, hicieron poco estrago en las filas de Vidal que siguió avanzando impávido a pesar de las descargas. Cuando estuvo suficientemente cerca los cañones se apagaron y empezó una lucha sin cuartel a la bayoneta.
El choque fue tremendo y por un momento sólo se escuchaban los choques de las bayonetas y los gritos de muerte de los soldados quienes se batían sin cesar. Se combatió con denuedo cuerpo a cuerpo y durante el choque Salaverry gritaba de un lado a otro enardeciendo y alentando a los suyos al mismo tiempo que se batía como todos sus oficiales con los soldados rasos. Vidal no se quedaba atrás y alentaba a los suyos y tanto se comprometió en el combate que estuvo a punto de morir. Fue herido en el costado derecho (aunque no de consideración) y fue perseguido por un soldado enemigo, Vidal luchó con desesperación pues no podía maniobrar bien a causa de su herida, se defendió mucho rato antes que llegue uno de sus granaderos que ultimó al soldado enemigo.
El batallón "Zepita" se desordenó y no pudo romper la línea de Salaverry totalmente, fueron tomados prisioneros el sargento mayor Porras, los capitanes Zapatel, Artaza y el teniente Damián La Torre y otros. Después de mucho combatir fue rechazado Vidal y sus hombres retrocedieron.
Pero Vidal no quería ser derrotado de ninguna manera y con ayuda del sargento mayor Mguel Rivas reunió a los soldados que retrocedían, logró hacerlo de muy buena forma y reorganizó su ejército para una nueva carga. Salaverry no ordenó continuar el ataque porque temía que Torrico lo envuelva así que esperó firme con sus hombres.
Vidal se lanzó con sus hombres y redobló el ataque, otra vez se luchó encarnizadamente y los oficiales animaban a no cejar a sus soldados. Salaverry se mezcló en la lucha y su capa corta estaba hecha jirones por los agujeros de las balas y las descargas de bayoneta. Vidal también se encaprichó en mostrar más valentía que su enemigo, fueron muertos dos caballos que montaba durante este suceso. Al final de esta larga lid Vidal se retiró de nuevo pero llevándose consigo los cañones de Salaverry, librando a su ejército de este obstáculo.
Luego de este episodio apareció Torrico y súbitamente se apagaron los fuegos de ambos bandos, los soldados se organizaron en sus puestos y hubo como una tregua en el combate.
Salaverry entonces, probablemente orgulloso de su hasta ahora buena performance, montó en un caballo y se paseó delante del campamento de Vidal como para dar una orden, el teniente coronel Coloma, jefe de estado mayor de Vidal le increpó a Salaverry: "¿Hasta cuándo hace usted derramar sangre?" a lo que él le respondió: "Hasta que no quede más que el general (*Vidal) y yo"
General Juan Francisco de Vidal la Hoz, vencedor en la Batalla Garita de Moche
Referencias:
“La Iniciación de la República”, Jorge Basadre.
“Historia de la República del Perú”, Jorge Basadre.
"Historia del General Salaverry", Manuel Bilbao.
"Memoria escrita en 1855", General Francisco de Vidal.
"Memoria escrita en 1855", General Francisco de Vidal.
Jesús De la Jara
Las Revoluciones: 11.Ayacucho en armas
"Apenas tuvo conocimiento de la sublevación Gamarra, que se hallaba enfermo, dando una muestra de su característica actividad, dejó al mando al Vicepresidente del Senado, y marchó el 30 de Julio con las pocas fuerzas del ejército que pudo reunir"
Jorge Basadre
Las autoriades del departamento de Ayacucho en ese entonces eran el Prefecto Coronel Juan Antonio González y de Jefe Militar del Departamento el Coronel Mariano Guillén, gamarrista.
El coronel Mariano Guillén
* No confundirlo con el coronel Gregorio Guillén, jefe de Caballería.
Mariano Guillén formó parte del ejército realista español (como muchos de los militares peruanos). Participó a órdenes de La Serna en la Campaña contra el ejército patriota, siendo ascendido al grado de Teniente Coronel (o Comandante) el 12 de Mayo de 1823 cuando mandaba el cuerpo de infantería "Fernando VII".
Pero en cuanto a él siguió sirviendo a España hasta la batalla de Ayacucho, razón por la cual se le considera uno de los "capitulados" (apelativo por haber capitulado luego de la batalla).
Pero en cuanto a él siguió sirviendo a España hasta la batalla de Ayacucho, razón por la cual se le considera uno de los "capitulados" (apelativo por haber capitulado luego de la batalla).
Posteriormente durante la República Independiente fue muy activo y favorable hacia Gamarra y su círculo.
Fue jefe en grado de Teniente Coronel del 2º batallón "Zepita" con quien hizo la Campaña de 1828 a órdenes de Gamarra, cuando invadió Bolivia participando en algunos encuentros.
Fue jefe en grado de Teniente Coronel del 2º batallón "Zepita" con quien hizo la Campaña de 1828 a órdenes de Gamarra, cuando invadió Bolivia participando en algunos encuentros.
Apoyó el levantamiento en Lima del General Antonio Gutiérrez de la Fuente contra el gobierno de José de la Mar, firmando el acta que lo llamaba al gobierno.
Gamarra y La Fuente presionaron al congreso para algunos ascensos, entre los cuales estaba de Mariano Guillén, que fue ascendido así a Coronel el 5 de Septiembre de 1829.
Durante el gobierno de Gamarra siguió ejerciendo el mando del 2º Batallón "Zepita" y fue uno de los de más confianza personal del Presidente. Por ejemplo fue protagonista de las intrigas de "la Mariscala" contra La Fuente y protegido de aquélla (pueden ver este episodio aquí)
Gamarra le dio el cargo de Gobernador de los Castillos del Callao, prefiriéndole al coronel Ramón Echenique (tío de Rufino Echenique) pues ya no confiaba en éste. Es con este cargo que mantuvo preso al coronel Iguaín que conspiraba contra Gamarra (pueden ver este episodio aquí).
En el año de 1833 quiso Gamarra ascenderlo a General, pero el congreso no aceptó el ascenso y lo desestimó. Por esta época tenía el mando sobre el batallón "Callao".
UNA REVUELTA MUY VIOLENTA
"Vencida quizás en la capital (la revolución), emergió en provincias y emergió sangrienta"
Jorge Basadre
En Ayacucho tuvo entonces lugar una extraña revolución militar que no proclamó ningún jefe y cuyas causas no fueron del todo conocidas.
El 24 de Julio de 1833 en la madrugada los capitanes Alejandro Deustua, Herrera y Flores del batallón "Callao" cometieron un sinfín de atropellos. Se pronunciaron y sublevaron con parte de la tropa arrestando a sus superiores Mayor Uría, capitán Layseca y a los vecinos más importantes. El capitán Ayarza logró huir.
Como la gente empezó a gritar salió el prefecto coronel Juan Antonio González quien fue asesinado en la puerta de su casa por los rebeldes.
Sin perder tiempo y liderados por el capitán Deustua fueron a la casa del Jefe Militar del departamento de Ayacucho, coronel Mariano Guillén, a las 5 de la mañana e hicieron que tocase la puerta una persona de su confianza, entraron y acribillaron a balazos a Guillén; su esposa, Jacoba Parra, lo trató de defender como una leona, razón por la cual fue golpeada con la culata de una bayoneta, se cayó y fue arrastrada por las calles de la ciudad hasta dejarla por las inmediaciones.
Como la gente empezó a gritar salió el prefecto coronel Juan Antonio González quien fue asesinado en la puerta de su casa por los rebeldes.
Sin perder tiempo y liderados por el capitán Deustua fueron a la casa del Jefe Militar del departamento de Ayacucho, coronel Mariano Guillén, a las 5 de la mañana e hicieron que tocase la puerta una persona de su confianza, entraron y acribillaron a balazos a Guillén; su esposa, Jacoba Parra, lo trató de defender como una leona, razón por la cual fue golpeada con la culata de una bayoneta, se cayó y fue arrastrada por las calles de la ciudad hasta dejarla por las inmediaciones.
Tomaron de la caja fiscal 6 000 pesos, y luego a los vecinos que habían capturado (más o menos 350) les requisaron 18 000 pesos y 5 000 más a los de Huanta.
El capitán Flores organizó a 300 hombres y les dio el nombre de "División vengadora de las leyes", en clara alusión a una oposición al gobierno de Gamarra e implantaron el reclutamiento general. Logró reunir 350 pero el movimiento no era popular, pronto éstos se dispersaron. Mientras el Coronel Mariano Velapatiño que estaba en Lucanas con poca gente fue a Parinacochas para reclutar gente y extender la revolución.
La Junta Departamental y la Municipalidad de Ayacucho se vieron obligadas a propalar bandos y oficios a favor de los amontinados, más tarde aludieron que fueron amenazados por un batallón.
El presidente Agustín Gamarra se enteró de la terrible situación en Lima, estaba enfermo pero aún así marchó como siempre a debelar el motín. Dejó encargado del mando al vicepresidente del Senado Braulio del Camporredondo y partió el 30 de Julio de 1833 con las fuerzas que pudo reunir (principalmente el batallón "Piquiza").
José Braulio del Campo Redondo Cisneros, vicepresidente del Senado que ejerció el mando provisorio
Presidencia provisoria de Braulio del Campo Redondo
Braulio del Campo Redondo asumió el gobierno al estar ausente el Vicepresidente de la República y el Presidente del Senado. Ejerció su cargo del 30 de Julio al 22 de Noviembre de 1833.
Gamarra marcha con el batallón "Piquiza", del cual tenía el mando el Teniente Coronel Echenique, a pesar que su número era equiparable al de los amotinados, pero refiere en sus "Memorias" estaba en mal estado: "Me hallaba yo entonces recién convaleciente de una grave enfermedad en la que estuve a la muerte. A pesar de ello, me resigné a marchar con él; pero el paso de la Cordillera me puso en mal estado, y me obligó el general por ello, a quedar en Jauja con el médico del cuerpo."
Tres días después Echenique creyó hallarse repuesto y trató de darles alcance.
El General Pedro Bermúdez también estaba enfermo en Tarma pero marchó a Huancavelica con el general Frías y reunió y organizó alguna tropa. A su vez el coronel Bujanda, prefecto del Cuzco cercó a los rebeldes por el sur.
El 8 de Agosto de 1833 llegó Gamara a Huancavelica, se unió a Bermúdez y le dio el título de Comandante de operaciones sobre Ayacucho. Los amotinados abandonaron Ayacucho rumbo a Huanta.
LA BATALLA DE PULTUNCHARA
El 15 de Agosto de 1833 Gamarra estaba frente a las posiciones de los amotinados quienes dejaron su posición en Culluchaca y se situaron en Pultunchara, un monte a cuyas faldas está la ciudad de Huanta. Más que una batalla, por las proporciones de soldados se le llama encuentro de Pultunchara.
A pesar de estar fatigados por la larga marcha los soldados del cuerpo de Echenique combatieron con incomparable ímpetu y arrojo, sin contar con oficiales (que no llegaron a tiempo) pues ascendieron a cuestas a pesar del fuego que se les hacía desde la cima, y luego de una primera descarga acometieron ferozmente a la bayoneta.
Los facciosos se dispersaron pues no se esperaban tan violento ataque, quizás pensando que la tropa del gobierno estaría agotada del viaje, y fueron tomados prisioneros la mayor parte de tropa. Mas la mayoría de oficiales y capitanes huyeron. Algunos vagaron por las montañas o las punas de Iquicha.
Gamarra marcha con el batallón "Piquiza", del cual tenía el mando el Teniente Coronel Echenique, a pesar que su número era equiparable al de los amotinados, pero refiere en sus "Memorias" estaba en mal estado: "Me hallaba yo entonces recién convaleciente de una grave enfermedad en la que estuve a la muerte. A pesar de ello, me resigné a marchar con él; pero el paso de la Cordillera me puso en mal estado, y me obligó el general por ello, a quedar en Jauja con el médico del cuerpo."
Tres días después Echenique creyó hallarse repuesto y trató de darles alcance.
El General Pedro Bermúdez también estaba enfermo en Tarma pero marchó a Huancavelica con el general Frías y reunió y organizó alguna tropa. A su vez el coronel Bujanda, prefecto del Cuzco cercó a los rebeldes por el sur.
El 8 de Agosto de 1833 llegó Gamara a Huancavelica, se unió a Bermúdez y le dio el título de Comandante de operaciones sobre Ayacucho. Los amotinados abandonaron Ayacucho rumbo a Huanta.
LA BATALLA DE PULTUNCHARA
"Los capitanes sublevados que eran valientes, concibiendo batir mi cuerpo con el suyo, salieron a esperarlo, situándose en al formidable posición llamada Pultunchara..."
General José Rufino Echenique, en "Memorias"
El 15 de Agosto de 1833 Gamarra estaba frente a las posiciones de los amotinados quienes dejaron su posición en Culluchaca y se situaron en Pultunchara, un monte a cuyas faldas está la ciudad de Huanta. Más que una batalla, por las proporciones de soldados se le llama encuentro de Pultunchara.
A pesar de estar fatigados por la larga marcha los soldados del cuerpo de Echenique combatieron con incomparable ímpetu y arrojo, sin contar con oficiales (que no llegaron a tiempo) pues ascendieron a cuestas a pesar del fuego que se les hacía desde la cima, y luego de una primera descarga acometieron ferozmente a la bayoneta.
Los facciosos se dispersaron pues no se esperaban tan violento ataque, quizás pensando que la tropa del gobierno estaría agotada del viaje, y fueron tomados prisioneros la mayor parte de tropa. Mas la mayoría de oficiales y capitanes huyeron. Algunos vagaron por las montañas o las punas de Iquicha.
El 16 de Agosto de 1833 en la provincia de Huanta, Ayacucho Gamarra lanzó la siguiente proclama:
«Ayacuchanos: Cuando más tranquilo reposaba este pueblo en el seno de la paz y de las garantías constitucionales una tempestad horrible lo cubrió de espanto y terror. Sus principales jefes cobardemente asesinados fueron la divisa con qeu sus sangrientos autores los convidaron a la defección y la rebeldía. Veintidós días han existido sus execrables tareas; pero veintidós días de lágrimas, de opresión y ultrajes les han hecho vislumbrar la horrible serpiente de la anarquía. Ayacucho y Huanta solamente han estado bajo su funesto influjo: Ayacucho y Huanta han sufrido lo que no sufrieron en cien años bajo el formidable poder español.
«Ayacuchanos: El Gobierno que está puesto para cuidar de vuestra quietud y seguridad, ha volado a salvarnos y castigar a los sangrientos asesinos, que al mismo tiempo que invocaban alevosamente el nombre sagrado de libertad, pisoteaban la Constitución y profanaban los derechos más sagrados ... Ayer fueron destrozados y escarmentados para siempre en el campo de Pultunchara, y hoy sus principales cabecillas aterrados de sus propios crímenes buscan una caverna para sepultarse.
El 6 de Septiembre el teniente coronel Valdivia logró prender en Cora Cora al coronel Mariano Vela Patiño que tenía 3 oficiales y 50 montoneros armados. Con esta última incursión se puede decir que se extinguió completamente la revolución.
Echenique refiere que fueron fusilados dos oficiales y un jefe que se había mezclado con la revolución. Aunque Basadre nota que muchos más fueron fusilados y concluye que las persecuciones fueron más terribles que la batalla misma. Luego de castigar a los prisioneros, Gamarra dio de baja a los amotinados, pasándolos al retiro.
La Municipalidad y la Junta Departamental tuvieron que rectificar las actas favorables al levantamiento.
El 18 llega Echenique y Gamarra le contó lo bien que se comportaron sus soldados.
Gamarra crea el batallón "Pultunchara" con los restos del 2º batallón del "Callao", en honor al nombre de la victoria.
Para las viudas de las autoridades, Teresa Basombrío (viuda del coronel Juan Antonio González) y Jacoba Parra (viuda del coronel Mariano Guillén) Gamarra dispuso reciban el montepío el 19 de Agosto de 1833, resolución que fue aprobada el 16 de Octubre de 1833 por la presidencia del Consejo de Estado; por el cual eran beneficiarias de mitad de paga de General de Brigada.
Luego de un tiempo de estar en Ayacucho regresan a la capital.
Referencias:
“La Iniciación de la República”, Jorge Basadre.
“Historia de la República del Perú”, Jorge Basadre.
"Memorias para la Historia del Perú", General José Rufino Echenique.
"Historia del Perú Independiente", Nemesio Vargas.
"Memorias para la Historia del Perú", General José Rufino Echenique.
"Historia del Perú Independiente", Nemesio Vargas.
"General Trinidad Morán", Alfredo Guinassi.
"Historial de los Cuerpos de Tropa del Ejército", César García Rosell."Calendario y guía de forasteros de Lima, para el año 1833" D.J.G. Paredes.
"Suplemento a la Gaceta de Madrid", del martes 1º de Febrero de 1825.
"Colección de leyes, decretos y órdenes publicados en el Perú", Imprenta de José Masías.
Jesús De la Jara
Las Revoluciones: 8.La conspiración del general Cerdeña
"Es preferible vivir entre las fieras"
Agustín Gamarra sobre la conspiración del general Cerdeña
Recordando el 27 de Setiembre de 1832 había asumido el mando de la República el presidente del Senado Manuel Tellería por haber dimitido temporalmente Gamarra debido a su mal estado de salud. El 31 de Octubre del mismo año Agustín Gamarra vuelve a tomar el manejo del gobierno.
Es pues tal vez en el intervalo como lo supone Távara en la "Historia de los Partidos" que los conjurados planearon la conspiración.
El 11 de Noviembre de 1832 fueron apresados de forma preventiva varios personajes importantes de la política. Cuatro días antes había sido pronunciado el discuros del diputado Francisco de Paula González Vigil, en el que acusaba al presidente Agustín Gamarra: "Yo debo acusar, yo acuso".
Entre los apresados figuraba el prestigioso general español Blas Cerdeña, los coroneles Salvador Soyer y Pascual Saco Oliveros; los diputados Reyna y Mar y el señor Sarratea.
Según el gobierno la causa de esta revolución era el deseo del general Cerdeña y los conjurados de entregar el país al presidente boliviano Andrés de Santa Cruz. Los diputados Reyna y Mar, en efecto habían firmado la acusación constitucional contra el presidente Agustín Gamarra y querían botarlo de la presidencia. El mismo Francisco de Paula González Vigil, que había sido el que incitó la acusación contra Gamarra, el que había dado el discurso en su contra, el día de las prisiones corrió a su casa con el objetivo que no se le acuse de tener que ver con ese complot.
El general Cerdeña había querido ganarse adeptos para el golpe, habló al coronel Pascual Saco Oliveros quien probablemente dio aviso al gobierno de esta revolución en la que no quiso tomar parte, también fueron atraídos los tenientes coroneles Camilo Carrillo y José Rufino Echenique, pero ambos muy fieles al gobierno y a Agustín Gamarra también colaboraron en denunciar el hecho (pueden ver la valiosa actitud del entonces Mayor Rufino Echenique en la Revolución de Rossel aquí)
Según el gobierno la causa de esta revolución era el deseo del general Cerdeña y los conjurados de entregar el país al presidente boliviano Andrés de Santa Cruz. Los diputados Reyna y Mar, en efecto habían firmado la acusación constitucional contra el presidente Agustín Gamarra y querían botarlo de la presidencia. El mismo Francisco de Paula González Vigil, que había sido el que incitó la acusación contra Gamarra, el que había dado el discurso en su contra, el día de las prisiones corrió a su casa con el objetivo que no se le acuse de tener que ver con ese complot.
El general Cerdeña había querido ganarse adeptos para el golpe, habló al coronel Pascual Saco Oliveros quien probablemente dio aviso al gobierno de esta revolución en la que no quiso tomar parte, también fueron atraídos los tenientes coroneles Camilo Carrillo y José Rufino Echenique, pero ambos muy fieles al gobierno y a Agustín Gamarra también colaboraron en denunciar el hecho (pueden ver la valiosa actitud del entonces Mayor Rufino Echenique en la Revolución de Rossel aquí)
Coronel Pascual Saco Oliveros, involucrado en la conspiración ayudó en su sofocamiento
Nemesio Vargas, crítico incansable de Gamarra, afirma en su obra que esta conspiración en realidad no existió y que Gamarra habría "creado" para alejar a sus enemigos, cosa que me parece demasiado exagerada pues dice que Gamarra pensaba ya en su sucesión y quería maniatar a los que iban a evitar un periodo más de su gobierno. Todos coinciden en que llegado el momento de su sucesión Gamarra no quería mandar más porque estaba harto de tantos devaneos, esto lo explicaré ampliamente y con pruebas en el tema de su sucesión.
Dentro de los conjurados el diputado José Sarratea era una persona honorable y tranquila públicamente por lo que sí la opinión pública tuvo sus reparos en considerar una injusticia su prisión. Tanto así que el gobierno lo soltó en menos de un día.
Los diputados a pedido de la Cámara y con venia de Gamarra fueron puestos en libertad el 26 de Noviembre de 1832.
Por su parte el General Cerdeña al ser apresado, hizo valer su rango de general, logrando con su presencia y valentía que sólo el oficial del piquete de soldados que vino a prenderlo lo acompañase, éste lo llevó al Cuartel de Santa Catalina preso y luego se le trasladó al Cuartel San Francisco de Paula donde fue visitado por gente culta y de sociedad. Cuatro días después recibió al Fiscal que era el coronel Allende, gamarrista.
El resultado del juicio (23 de Diciembre de 1832) fue la deportación del general Cerdeña y Gervasio Aranaga a La Libertad, donde Cerdeña eligió una residencia cercana a Trujillo; de Soyer a Chachapoyas; del coronel Saco Oliveros a Maynas. El teniente coronel Bernardo Soffia tuvo castigo menor, así como el Mayor Juan Basilio Cortezana que fue preso en un cuartel limeño y luego liberado.
De nuevo Gamarra sintió el golpe pero a la vez apreciamos el gran valor y entereza que tenía, sin el cual no hubiese soportado tantas revoluciones y empeñado en terminar su mandato.
Testimonio del dolor que experimentó, Távara refiere estos extractos de una carta que Gamarra escribió a un amigo suyo sobre la revolución: "Asómbrese Ud. amigo, ¡el general Cerdeña conspirando contra mí! Parece increíble, pero nada más cierto, es preferible vivir entre las fieras!"
Gran frase esta última que demuestra la firmeza de su carácter. Así como cuando Rossel conspiró contra él, y a pesar de quererlo mucho, también supo sobreponerse a ese duro golpe.
Tiempo después el presidente Agustín Gamarra confesaría a Nieto en una carta del 19 de Diciembre de 1832: "El coronel Saco sigue aún en su prisión, sujeto a la causa que va siguiendo. Yo aseguro a usted que espero la más completa vindicación de este buen jefe, cuyo juicio proviene de mi buena disposición a su favor. En la altura en que se halla la causa, interesa ya a su honor el esclarecimiento de las sindicaciones que padece." Se nota aquí el aprecio que Gamarra tenía por el coronel Pascual Saco Oliveros quien fue más que todo investigado como la regla lo mandaba.
Y añade, con mucha pesadumbre por la revolución: "Por lo demás, concluiré esta materia confesando que, sin merecerlo, soy desgraciado para con mis amigos. Dicen que la revolución causa o aborta estos fenómenos, pero ése es muy triste consuelo para quien jamás ha economizado sacrificios a la consecuencia".
Y en verdad, Agustín Gamarra sentía cada revolución como una traición, más si venían de sus amigos. El general Cerdeña había sido uno de los personajes más importantes que lo secundó en el golpe contra el presidente José de La Mar, y a pesar de que ambos habían asumido las consecuencias de ese paso también lo traicionaba...
“La Iniciación de la República”, Jorge Basadre.
“Historia de la República del Perú”, Jorge Basadre.
"Soldados de la República", Carmen McEvoy y José Luis Rénique.
"Historia del Perú Independiente", Nemesio Vargas
Jesús De la Jara"Historia del Perú Independiente", Nemesio Vargas
Las Revoluciones: 7.Rossel, el engreído de Gamarra
Felipe Rossel era un capitán cuzqueño del ejército que servía como jefe de la 2º compañía del batallón "Piquiza", dícese el favorito de Gamarra, pues fue creado en su honor (no olvidemos que era gran Mariscal de Piquiza) donde el sargento mayor José Rufino Echenique tenía el mando.
Echenique entonces fue y llamó a Rossel, le pidió su espada y lo llevó al capitán de guardia con orden de apresamiento. De pronto escuchó voces que lo llamaban ya que Rossel se había librado y corrió donde su compañía, se puso a la cabeza y los animó contra Echenique diciéndoles que él quería llevarlos a Colombia. Vio que se acercaba y como estaba a una distancia ordenó hacerle fuego, Echenique corrió ante las balas y logró llegar hasta Rossel al que lo cogió con violencia, lo que asustó a los soldados que dejaron de disparar. Tomándolo vino en su ayuda el teniente Moya y luego de esto Echenique nombró capitán al teniente Tafur y dándole la jefatura del batallón de Rossel, este nuevo capitán era de su confianza. Lo llevó y en el camino le dijo Rossel que “si hacía eso porque era amigo del general Gamarra, iba contento”. Lo llevó al capitán de guardia y le dejó con centinela.
“El Conciliador” del 21 de Marzo de 1832 en cambio considera un acto personal de Rossel y lo critica por haberse aprovechado y ser un ingrato con la preferencia que el propio Gamarra le tenía. Es allí donde el Ministro de Gobierno Manuel Vidaurre pone sus famosas frases:
Referencias:
“La Iniciación de la República”, Jorge Basadre.
“Historia de la República del Perú”, Jorge Basadre.
“Memorias para la Historia del Perú”, General José Rufino Echenique.
“Historia de los Partidos”, Santiago Távara.
"Castilla y la conspiración del Capitán Felipe Rossel", Raúl Rivera Serna en el Boletín de la Biblioteca Nacional Nº 41 - 42
"Epistolario del Gran Mariscal Agustín Gamarra", Alberto Tauro
Gamarra quería mucho a Rossel probablemente por su valor y por su paisanaje y le había ayudado mucho en su carrera, con distinciones personales y en los ascensos.
La situación de Gamarra en ese tiempo era más o menos así: había traido a Lima a los oficiales más revoltosos para tenerlos cerca y vigilarlos, tenía un ejército reducido a casi 3 mil hombres esparcido por toda la repúblia y una guardia de honor escogido de las filas de entre los más adictos hacia su persona, con los cuales más conversaba en el idioma quechua.
La situación de Gamarra en ese tiempo era más o menos así: había traido a Lima a los oficiales más revoltosos para tenerlos cerca y vigilarlos, tenía un ejército reducido a casi 3 mil hombres esparcido por toda la repúblia y una guardia de honor escogido de las filas de entre los más adictos hacia su persona, con los cuales más conversaba en el idioma quechua.
LA REVOLUCIÓN DE ROSSEL
"Gamarra, hombre tan cauteloso, tan frío, tan sagaz, tan difícil de engañar, contestó que confiaba en Rossel ciegamente y que ese mismo día habían comido juntos."
Jorge Basadre, en la introducción "Memorias para la Historia del Perú", del General José Rufino Echenique
Castilla por ese tiempo estaba en el Fuerte el Sol de los Castillos del Real Felipe custodiado por el coronel Rivera. Luego se le llevó a la corbeta Libertad que mandaba el contralmirante Carlos García del Postigo.
El 18 de Marzo de 1832 a las 2 de la tarde visitaron a Castilla el subteniente Manuel Aldea, vestido de civil, con el teniente Dueñas del batallón “Callao” y dos paisanos más, le dijeron en presencia del coronel Egúsquiza que ese día iba a ser el golpe, en la noche.
Castilla pensando que sus enemigos le tendían una trampa para involucrarle más culpas y complicarlo respondió: “Vaya y diga Ud. a Gamarra y a sus viles esclavos, que no me conducirán al patíbulo con la facilidad con que me han conducido a estos calabozos”, además se ofendió por habérsele propuesto hacer revolución.
Entonces dudó en revelar o no el secreto que bien podría ser una trampa y consultó a García del Postigo quien le respondió escuetamente “que los caballeros no consultaban esas cosas”. Se decidió a revelarlo y para ello escribió al fiscal que lo acusaba y además le pidió la razón por la cual llevaba ya 77 días detenido. Esto sin duda alertó a Gamarra.
El 18 de Marzo de 1832 a las 7 de la noche refiere Echenique Gamarra envía a llamarlo a su cuartel que estaba en la calle Desamparados al lado del Palacio de Gobierno. En privado Gamarra le dice que tiene información de fuentes fidedignas que se prepara en el cuerpo de Echenique mismo una gran revolución en su contra; pensando Echenique en el posible autor recordó al capitán Rossel quien a su juicio era ambicioso, engreído por su carrera y ufano por la predilección de Gamarra y además se había disgustado por haber preferido Echenique al capitán Ugarteche en vez de a él; así se lo dijo al presidente con franqueza, a lo que Gamarra respondió: "Confíe Ud. en él tanto como en su camisa y tan no puede temerse de él nada, que hoy mismo ha comido conmigo"; osea Gamarra tan cauteloso ponía las manos al fuego por su consentido. Echenique entonces le dijo que no temía nada de su cuerpo pero que tomaría las medidas necesarias para evitar cualquier problema y que estaba seguro de hacerlo bien. Encargó para esto la guardia al capitán Rivas, hombre de su entera confianza.
Media hora después Echenique fue llamado de nuevo aclarándole que salga por la puerta alterna, Gamarra allí le dijo que ya estaba totalmente confirmada la revolución y que incluso el oficial que hacía guardia en Palacio estaba involucrado por lo que su persona estaba en peligro. Echenique le aconsejó que se refugie en su cuartel donde le aseguraba que no correría peligro además que nadie pensaría que estaría allí. Gamarra accedió luego de dar órdenes a Palacio. Luego de un rato llamaron según la señal convenida por Gamarra y cuenta Echenique: "Penetró una persona, cuyo nombre omito decir, y después de hablar éste con ella y ella retirarse, me dijo que el autor de la revolución en mi cuerpo, de seguro, era Rossel, y que por lo tanto lo pusiera en prisión"; Basadre así como otros autores en general consideran que esa "persona" es "La Mariscala" Francisca Zubiaga tan inmiscuida en los asuntos políticos. El capitán Marcos Antezana había confesado el golpe lo que fue confirmado por el coronel Clemente Ramos, jefe del batallón “Callao”. Es de suponer entonces que "la Mariscala" dirigía el espionaje y la contrarevolución mientras Gamarra y Echenique estaban en el Cuartel.
José Rufino Echenique era Sargento Mayor cuando enfrentó a Rossel que atentaba contra Gamarra
Echenique entonces fue y llamó a Rossel, le pidió su espada y lo llevó al capitán de guardia con orden de apresamiento. De pronto escuchó voces que lo llamaban ya que Rossel se había librado y corrió donde su compañía, se puso a la cabeza y los animó contra Echenique diciéndoles que él quería llevarlos a Colombia. Vio que se acercaba y como estaba a una distancia ordenó hacerle fuego, Echenique corrió ante las balas y logró llegar hasta Rossel al que lo cogió con violencia, lo que asustó a los soldados que dejaron de disparar. Tomándolo vino en su ayuda el teniente Moya y luego de esto Echenique nombró capitán al teniente Tafur y dándole la jefatura del batallón de Rossel, este nuevo capitán era de su confianza. Lo llevó y en el camino le dijo Rossel que “si hacía eso porque era amigo del general Gamarra, iba contento”. Lo llevó al capitán de guardia y le dejó con centinela.
Luego de esto Gamarra le ordenó que vaya y cambiase al guardia de palacio y lo aprese, cumplió Echenique sin problemas la orden.
Mientras sucedía esto un oficial del batallón “Ayacucho”, que esperaba oculto en el cuartel la revolución para ir a comunicarla a su batallón al cuartel de Santa Catalina, al enterarse del fracaso huyó y se lanzó por el balcón hacia el río Rímac.
ROSSEL ES FUSILADO
ROSSEL ES FUSILADO
Rossel fue enjuiciado de forma sumaria esa misma noche por un fiscal que Gamarra escogió. Se concluyó luego de las investigaciones que los facciosos planeaban deponer y arrestar al presidente con la ayuda de los cuarteles de Artillería y del batallón “Piquiza”. Que los comprometidos eran: tenientes Manuel López, Narciso Sarria más otros dos no habidos, el subteniente Manuel Aldea y los civiles Félix Iguaín y Francisco Iriarte. Rossel fue sentenciado a muerte al día siguiente. También fueron condenados a muerte los tenientes Sarria, López, Hurtado, Franco, Martínez y Aldea. A Marcos Antezana se le dejó en libertad condicional por haber denunciado a los conspiradores.
Durante la instructiva a Rossel, éste negó descaradamente haber querido hacer la revolución e incluso acusó a Echenique, dijo que si mandó a dispararle era porque creyó que Echenique lo apresaba para hacer una revolución contra el presidente, pues como él, Rossel, era uno de los favoritos de Gamarra, significaba que quería anularlo para atentar contra Gamarra. Pero como ya todo se sabía fue condenado a fusilamiento en plaza pública. A pesar de esto, Távara refiere que Rossel no denunció a ninguno de sus compañeros y mostró un valor incontrastable.
Murió Rossel fusilado con arrogancia el 19 de Marzo de 1832 en la Plaza de Armas: "Rossel marchó al patíbulo como se marcha a una parada”, refiere Távara. Por esto y por lo anterior puede suponerse que actó sabiendo el peligro al que se exponía y tal vez creía firmemente que sus convicciones eran las correctas.
Castilla también habla bien de su valor. Por lo menos así lo entendemos del título de su manifiesto de 1834 en Arequipa: “Manifiesto del coronel Ramón Castilla rebatiendo a los que injustamente le han atribuido la infausta muerte del ilustre cuzqueño capitán Felipe Rosse, fusilado por Gamarra en la Plaza de Lima”, pero es probable que fue un manifiesto rencoroso por la situación política de ese año (que lo pueden ver en La Guerra Civil de 1834 aquí) y porque todos sus enemigos lo acusaban de haber causado la muerte de Rossel, debido a que Castilla ayudó en parte a sofocar la revolución sin quererlo, y reaccionó de una manera exagerada para contradecirlos incluso aplaudiendo el golpe de Rossel. En el manifiesto mencionado parece apoyar la revolución donde dice que se hubiera unido gustoso al movimiento porque estaba en contra de la presidencia de Gamarra. Le acusó allí de la invasión a Bolivia, de la deposición de La Mar, de haber creado una red de espionaje con el prefecto de Lima Eléspuru, y de haber llegado al poder “irguiéndose sobre los cadáveres de sus enemigos”.
La revolución que preparaba Rossel era muy grave, no sólo fue un acto de "heroísmo aislado", pues se encontraron pruebas flagrantes. Al requisar su cama, se encontró bajo un ladrillo una proclama suya hacia la Nación afirmando que no podía tolerar una dictadura como la de Gamarra a quien calificaba de tirano y arbitrario, de haber tomado el puesto de presidente por asalto y otras cosas. Era una proclama que de seguro contaba para darla luego de que triunfara su revolución. También se hallaron más material de propaganda por la revolución y cartas, que descifradas eran del coronel Félix Iguaín, también diputado; por todo el material requisado se deducía que el que supuestamente tenía que tomar el cargo de Presidente de la Nación era el General Antonio Gutiérrez de la Fuente, que también había sido acusado de revolucionario (ver los sucesos de 1831 aquí). También estaban implicados personajes del Partido Liberal.
Távara sobre la actitud de Gamarra durante el motín refiere: "En este drama mostró gran valor, mucha serenidad, prudencia y magnanimidad".
Pero Gamarra la debe haber pasado muy mal en esos tiempos, no sólo su guardia personal estaba implicada en el motín (supuestamente había seleccionado a los de más confianza) sino Rossel, cuzqueño como él y a quien había dispensado tantos favores y profesado cariño de padre, lo había traicionado de la peor manera. Fue un golpe anímico duro para él y lo volverá más suspicaz que antes, ¿quién le podría acusar de ser demasiado duro con las revoluciones y algunas persecuciones si la gente a que apreciaba y en quienes confiaba lo traicionaban incluso exponiendo su vida? Debe haber sentido este motín muy terriblemente, pero era una persona que expresaba poco hacia afuera. Távara compara esta revolución (que para mí es una de las que más debe haberle dolido a Gamarra) con la que hubo contra Simón Bolívar el 25 de Septiembre de 1828. En efecto, esa fecha en Bogotá se realizó un motín dirigido por un grupo de brillantes jóvenes, que eran muy allegados a Bolívar e incluso eran sus protegidos: Luis Vargas, Pedro Carujo y José López.
Por su conducta y su valiosa ayuda durante el sofocamiento de la revolución José Rufino Echenique fue ascendido a Teniente Coronel (lo que recién se hizo efectivo el 21 de Setiembre de 1832).
La revolución que preparaba Rossel era muy grave, no sólo fue un acto de "heroísmo aislado", pues se encontraron pruebas flagrantes. Al requisar su cama, se encontró bajo un ladrillo una proclama suya hacia la Nación afirmando que no podía tolerar una dictadura como la de Gamarra a quien calificaba de tirano y arbitrario, de haber tomado el puesto de presidente por asalto y otras cosas. Era una proclama que de seguro contaba para darla luego de que triunfara su revolución. También se hallaron más material de propaganda por la revolución y cartas, que descifradas eran del coronel Félix Iguaín, también diputado; por todo el material requisado se deducía que el que supuestamente tenía que tomar el cargo de Presidente de la Nación era el General Antonio Gutiérrez de la Fuente, que también había sido acusado de revolucionario (ver los sucesos de 1831 aquí). También estaban implicados personajes del Partido Liberal.
Távara sobre la actitud de Gamarra durante el motín refiere: "En este drama mostró gran valor, mucha serenidad, prudencia y magnanimidad".
Pero Gamarra la debe haber pasado muy mal en esos tiempos, no sólo su guardia personal estaba implicada en el motín (supuestamente había seleccionado a los de más confianza) sino Rossel, cuzqueño como él y a quien había dispensado tantos favores y profesado cariño de padre, lo había traicionado de la peor manera. Fue un golpe anímico duro para él y lo volverá más suspicaz que antes, ¿quién le podría acusar de ser demasiado duro con las revoluciones y algunas persecuciones si la gente a que apreciaba y en quienes confiaba lo traicionaban incluso exponiendo su vida? Debe haber sentido este motín muy terriblemente, pero era una persona que expresaba poco hacia afuera. Távara compara esta revolución (que para mí es una de las que más debe haberle dolido a Gamarra) con la que hubo contra Simón Bolívar el 25 de Septiembre de 1828. En efecto, esa fecha en Bogotá se realizó un motín dirigido por un grupo de brillantes jóvenes, que eran muy allegados a Bolívar e incluso eran sus protegidos: Luis Vargas, Pedro Carujo y José López.
Por su conducta y su valiosa ayuda durante el sofocamiento de la revolución José Rufino Echenique fue ascendido a Teniente Coronel (lo que recién se hizo efectivo el 21 de Setiembre de 1832).
CONSECUENCIAS DEL MOTÍN Y "LENIDAD" DE GAMARRA
"Callarán por un momento las leyes para mantener las leyes"
Ministro de Gobierno, Vidaurre en "El Conciliador"
Los periódicos adeptos a Gamarra ilustraron el acontecimiento como una revolución terrible pues realmente se atentaba contra la vida del presidente.
“El Observador Imparcial” el 22 de Marzo de 1832 decía que los enemigos del gobierno requieren de ejemplar acción y aún critica el no haber reprimido con la dureza del caso las revoluciones anteriores por lo cual nacía según ellos ésta.
“La Minerva del Cuzco” el 31 de Marzo demandaba al pueblo peruano en general a acabar con las revoluciones y a colaborar por la prosperidad nacional, la pasión política y mucha codicia hacían de las leyes completa oscuridad. Y agregaba aún sobre posibles errores del ejecutivo que deberían ser enmendados por el Congreso o la Convención Nacional, pues: “los defectos no pueden corregirse con crímenes: el desorden de un gobernante no será jamás corregido con el desorden general”.
Manuel Lorenzo de Vidaurre y Encalada, limeño que fue Ministro de Gobierno
“Ciudadanos del Perú gocen quietos y tranquilos del fruto de su honesto trabajo. Quedará el trigo escogido, separado de la cizaña. La levadura de inquietud se va a extinguir. Ha de reinar el orden. Si fuera preciso, callarán por un momento las leyes para mantener las leyes. Una obediencia ciega a la Carta (constitución) ha expuesto al Jefe Supremo y con ella la vida de la nación”.
Este "callarán las leyes para mantener las leyes" era una frase que manifestaba la necesidad de dejar sin garantías a las personas sediciosas a fin de mantener al orden. Es una frase que realmente implicaba una mayor restricción de libertad de expresión y una mayor represión. Una atribución autoritaria para que el ejecutivo "haga lo que tenga que hacer" sin mirar las leyes y derechos del ciudadano.
Este "callarán las leyes para mantener las leyes" era una frase que manifestaba la necesidad de dejar sin garantías a las personas sediciosas a fin de mantener al orden. Es una frase que realmente implicaba una mayor restricción de libertad de expresión y una mayor represión. Una atribución autoritaria para que el ejecutivo "haga lo que tenga que hacer" sin mirar las leyes y derechos del ciudadano.
Se reunió un consejo de Guerra que fue integrado por Mariano Necochea, Domingo Tristán, José Rivadeneira, Juan Salazar, Manuel Aparicio, Eugenio Cortez y Juan de Mendiburu, que dieron su fallo el 7 de Abril de 1832 reafirmaron la pena de muerte a Rossel y condenaron a muerte también a los tenientes Manuel López y Narciso Sarria, el capitán Manuel Antezana fue eximido de pena y sometido a vigilancia, los demás acusados fueron absueltos; Iguaín no fue juzgado por el consejo, pues no lo creyó conveniente. En el informe final por considerar que López no realizó lo que se le había encargado (aprisionar a Gamarra) y que la revolución sólo pasó de un conato dejaba al Presidente la potestad de perdonar a ellos dos.
Basadre refiere por una parte que Iguaín fue perseguido por una turba hasta su casa y escapó pues intentaban apresarlo. Su casa fue asaltada y revisada dos veces. Por ello Iguaín fugó a Guayaquil, Ecuador donde siguió hablando en contra del gobierno de Gamarra y de Eléspuru. Fueron obligados a salir del país los extranjeros Fabián Gómez, Domingo Ballarino y Mariano Castilla. Cuenta también que por esta época se hizo común asaltar los domicilios privados, a cargo de los polizontes y todos ellos mandado por el Prefecto de Lima General Juan Bautista Eléspuru y Montes de Oca, quien por usar a sus dirigidos incluso haciendo uso de escaleras para ingresar a las casas fue apodado "El General de las escaleras". Hubo otras prisiones y algunas persecuciones.
Pero da cabida a la versión de Echenique, quien nos cuenta: "Sin embargo de esos datos, a nadie se persiguió ni molestó, siendo sólo separados de mi cuerpo algunos oficiales, y dados de baja otros del (batallón) Ayacucho, cuyo cuerpo se disolvió... La Fuente, Castilla e Iguaín quedaron fuera del país, expatriados por ellos mismos. Para proceder Gamarra de ese modo, tuvo en cuenta primero, cuán difícil es probar en juicio delitos de esta clase que sólo se saben por confidencias privadas y segundo, su deseo de calmar los ánimos procediendo con lenidad". Távara también refiere que algunos se ocultaron y no fueron perseguidos tenazmente.
Prueba de esto es que Gamarra les cambió la pena a los Tenientes López y Sarria por el destierro por 6 años.
El Congreso presentó leyes represivas que Gamarra no quiso aprobar en ese momento.
También existe una carta de Gamarra que escribe a su amigo el coronel Vidal el 12 de Abril de 1832, y luego de agradecerle el buen servicio que da a la patria cuidando la estabilidad de la república, le dice:
"La causa de los conspiradores se vio en Consejo de Guerra, y todos han sido condenados a morir; pero yo he tenido que perdonar a los dos únicos aprehendidos, que justamente son los más imbéciles: que vean pues que no apetezco derramar sangre peruana; y que no abrigo venganzas.
No ocurre nada nuevo. Todo marcha aquí bien..."
Basadre refiere por una parte que Iguaín fue perseguido por una turba hasta su casa y escapó pues intentaban apresarlo. Su casa fue asaltada y revisada dos veces. Por ello Iguaín fugó a Guayaquil, Ecuador donde siguió hablando en contra del gobierno de Gamarra y de Eléspuru. Fueron obligados a salir del país los extranjeros Fabián Gómez, Domingo Ballarino y Mariano Castilla. Cuenta también que por esta época se hizo común asaltar los domicilios privados, a cargo de los polizontes y todos ellos mandado por el Prefecto de Lima General Juan Bautista Eléspuru y Montes de Oca, quien por usar a sus dirigidos incluso haciendo uso de escaleras para ingresar a las casas fue apodado "El General de las escaleras". Hubo otras prisiones y algunas persecuciones.
Pero da cabida a la versión de Echenique, quien nos cuenta: "Sin embargo de esos datos, a nadie se persiguió ni molestó, siendo sólo separados de mi cuerpo algunos oficiales, y dados de baja otros del (batallón) Ayacucho, cuyo cuerpo se disolvió... La Fuente, Castilla e Iguaín quedaron fuera del país, expatriados por ellos mismos. Para proceder Gamarra de ese modo, tuvo en cuenta primero, cuán difícil es probar en juicio delitos de esta clase que sólo se saben por confidencias privadas y segundo, su deseo de calmar los ánimos procediendo con lenidad". Távara también refiere que algunos se ocultaron y no fueron perseguidos tenazmente.
Prueba de esto es que Gamarra les cambió la pena a los Tenientes López y Sarria por el destierro por 6 años.
El Congreso presentó leyes represivas que Gamarra no quiso aprobar en ese momento.
También existe una carta de Gamarra que escribe a su amigo el coronel Vidal el 12 de Abril de 1832, y luego de agradecerle el buen servicio que da a la patria cuidando la estabilidad de la república, le dice:
"La causa de los conspiradores se vio en Consejo de Guerra, y todos han sido condenados a morir; pero yo he tenido que perdonar a los dos únicos aprehendidos, que justamente son los más imbéciles: que vean pues que no apetezco derramar sangre peruana; y que no abrigo venganzas.
No ocurre nada nuevo. Todo marcha aquí bien..."
En cuanto a Ramón Castilla quedó confinado en la corbeta “Libertad” pero un día enfermó y fue llevado al Hospital Santa Ana donde aprovechó una oportunidad de fugar el 14 de Marzo de 1833. Finalmente el Consejo de Guerra lo juzgó nuevamente el 3 de Enero de 1834 quedando libre de toda culpa.
Terminaremos este post con las palabras del general Echenique en sus memorias cuando recuerda el final de esta revolución: "Creyó (Gamarra) que un solo ejemplo bastaría para contener el desorden. Pero no sucedió así... Ese partido (el Liberal) era intransigente con él y procuraba su caída de cualquier manera..." “La Iniciación de la República”, Jorge Basadre.
“Historia de la República del Perú”, Jorge Basadre.
“Memorias para la Historia del Perú”, General José Rufino Echenique.
“Historia de los Partidos”, Santiago Távara.
"Castilla y la conspiración del Capitán Felipe Rossel", Raúl Rivera Serna en el Boletín de la Biblioteca Nacional Nº 41 - 42
"Epistolario del Gran Mariscal Agustín Gamarra", Alberto Tauro
Jesús De la Jara
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